viernes, 20 de febrero de 2015

¿Qué puede decir un Best-Seller de sus lectores y la época?


Autor: Douglas Gómez

                              Imagen de la película "50 Sombras de Grey" (Fuente: http://www.goodfon.su/download/fifty-shades-of-grey-fifty-50/1280x800)
            
Estar atento a las tendencias actuales de la sociedad es parte de un interés permanente dentro del proyecto de Atención Psicológica de Fundación IPC. Desde ese aspecto llama nuestra atención la trilogía Cincuenta sombras de Grey[1] que ha alcanzado gran popularidad a escala mundial. ¿Pero porqué estos libros llaman tanto la atención del público? En este escrito trataremos de dar pistas frente a esta interrogante.

En un intento por ubicar los intereses que movilizan a las personas hacia este tipo de literatura, llamó nuestra atención la perspectiva del psicoanalista francés Jacques Allain Miller y su concepto de la feminización del mundo[2]. Este psicoanalista sostiene que la fractura entre el antiguo y el nuevo orden se constituye, en el Siglo XXI- desde una nueva tendencia cultural: la aspiración a “la femineidad”. Ésta es vista desde la perspectiva psicoanalítica como la incapacidad de los individuos para resolver sus propias necesidades y como el impulso de esperar a que otro preste las herramientas necesarias para solucionar los problemas de su vida. Esto ubica al otro en la función de satisfacer las necesidades de quienes se encuentran bajo una lógica análoga a la del vínculo entre el hijo y la madre protectora .

Otra arista que consideramos para ahondar en el tema es  la de un pensador que trabaja la lógica de consumo, lo que nos permitiría acercarnos a ciertos aspectos que caracterizan a la sociedad actual, poniendo énfasis en su relación con la literatura.

El filósofo francés Jean Baudrillard en su obra Cultura y Simulacro (1978), plantea que la estrategia del nuevo orden es ocultar que la realidad ya no es la realidad, no interpretándola de una forma falsa, sino simulándola. Vivimos inmersos en el mundo de los simulacros, de las realidades desplazadas por los signos y rodeados de elementos que  ayudan a extender el simulacro. Vivimos en un mundo que simula fantasías como medio de escape para sobrellevar la caída de los ideales.

            De esta manera ubicamos a Cincuenta sombras de Grey  como un ejemplo muy claro de este planteamiento ¿Pero cómo llegó esta obra a ubicarse como unos de los libros mas populares de nuestra época? El principal responsable de su éxito fue el Grupo Editorial Penguin Random House[3], que al percatarse de su éxito, compró los derechos de publicación para luego editarlo y comercializarlo, obteniendo una ganancia de 400 millones de dólares en el 2012, con más de 70 millones de copias vendidas.

La trama empieza con el encuentro de una estudiante universitaria y un empresario exitoso, buen mozo, quienes se sienten atraídos desde el principio. Al inicio de su relación, Anastasia Steele –la protagonista- vivencia las prácticas sado-masoquistas de Christian Grey, lo que llega a perturbarla y toma la decisión de alejarse. Más tarde, en la segunda entrega, el vínculo entre estos dos personajes se hace posible, a medida que Grey se va mostrando mas abierto a sus sentimientos, dando por concluida la trilogía con el matrimonio, los hijos y un Christian Grey totalmente domesticado, sensible y dependiente del amor de su pareja. Desde este breve resumen ¿Qué podríamos encontrar? La obra nos sumerge en la transformación del otro no solo como algo inmediato y fácil sino que, además, obvia las consecuencias de esto. El otro no reclama, no sufre y no termina su relación con Anastasia por hacerlo: es una utopía de lo que en muchos casos se busca en nombre del amor.
                                    Trailer oficial de la película "50 Sombras de Grey"

¿Y qué puede decirnos todo esto sobre el lector actual? Posiblemente el individuo está atravesado por la búsqueda de una satisfacción inmediata, sensación de completud y felicidad e imposibilidad de cuestionamiento. El espacio para la inventiva en base a las fantasías y pasiones que los espectadores podían ubicar en sus propias vidas queda anulado. Mucha de la literatura actual viene a ubicarse como uno mas de los gadgets que presenta esta lógica de consumo característica de la época actual, volviéndose pura mercancía manejada por poderosas editoriales. En la actualidad, un producto literario es diseñado de acuerdo a un estudio de mercado que apuntaría a la demanda de un público actual. En estos casos, el elemento de intriga es reemplazado por el de utopía y tenemos un simulacro de la clásico, convertido en best seller. Cabría recalcar que esto no abarca a toda la producción narrativa actual.

De esta forma es como podría haber un empate entre las necesidades del individuo actual y el éxito de estas obras, sin que se juzgue a los autores como manipuladores literarios en pos de un beneficio personal. Los best-sellers muestran lo que el público busca hoy en día -consciente o inconscientemente- presentándose como el dispositivo perfecto que provee finales felices y respuestas mágicas a las dificultades de la vida amorosa.

Así, la preocupación por lo que ocurre en la sociedad nos ha movilizado de tal manera que, partiendo del cuestionamiento sobre la producción literaria contemporánea, hemos podido abrir espacio para diferentes reflexiones sobre las razones por las que ciertos libros lograrían tener gran éxito en una época en la que lo que se demanda es la inmediatez en la satisfacción de las necesidades. Tramas recicladas y repetitivas que de alguna manera son tomadas por las personas como la proyección de sus propias vidas, una vida en la que lo aparentemente imposible se vuelve posible, respondiendo desde esa tragicomedia amorosa a lo que gran parte de la sociedad actual desea.




[1] Es una novela erótica de 2011 de la autora británica E. L. James y publicada por la editorial Penguin Random House.
[2] En su curso del 2011 “El ser y el Uno (inédito)”.
[3] Es la división en lengua hispana del conglomerado editorial Penguin Random House, perteneciente a la multinacional Bertelsmann AG.

lunes, 2 de junio de 2014

El Principito, los niños y sus adultos

Por: Emilio Salao Sterckx


En junio se conmemora a la niñez en el Ecuador y el mundo. Estas celebraciones intentan reconocer a las niñas y niños a través del agasajo, la ternura estereotipada, los discursos elocuentes y la liberación de cierta culpa en los adultos. Sin embargo, también podemos aprovechar un mes como este para pensar de manera más crítica, la situación de la niñez y no quedarnos únicamente en la retórica de una celebración, que es señal tanto del intento por su reconocimiento, como también evidencia de su inequidad.

No existe una perspectiva homogénea de ver a los  niños. Por un lado, está la visión de los adultos, quienes a partir de sus construcciones exponen condiciones de la infancia para determinar la política pública a través del Estado y las instituciones. Y por otro, la perspectiva de los niños, la cual está ubicada en un segundo plano, sin ser escuchada seriamente.

Sin embargo, hubo alguien, quien sí tomó en serio el lenguaje de los niños y su sensibilidad.  Su nombre fue Antoine de Saint-Exupéry y su obra más conocida, El Principito.


Hace dos meses se cumplió 71 años de su primera publicación. Su aporte no puede apreciarse únicamente desde sus méritos literarios -que los tiene-, sino  también desde otros espacios de la sociedad, ya que El Principito se dirige, entre otros temas, a la niñez.

En la literatura, la representación puede operar como reflejo de lo social en un momento determinado, pero también puede actuar como un cuestionamiento. En el caso de El Principito podría tomar el lugar de un anti reflejo. No es una casualidad que en el año de su publicación, 1943, Europa atravesaba una guerra donde se estima que murieron más de un millón y medio de niños.

En ese mismo momento, Saint-Exupéry también cumplía su papel en la segunda guerra mundial, pero como piloto de las unidades de reconocimiento aliadas, cargo que desempeñó hasta la llegada de la ocupación nazi en Francia.  Sin más remedio que la retirada, el autor tuvo que huir a los Estados Unidos, país donde realizó la primera publicación de su libro.

Mucho antes de El Principito, las artes plásticas ya habían retratado una forma de mirar a la niñez. Uno de sus más representativos exponentes es el pintor holandés Gabriël Metsu y su conocido oleo Het Zieke Kind (1664 - 1666)[1], que ilustra la situación y la concepción colectiva del niño en la Europa del renacimiento. Metsu plasma un concepto del niño desde su fragilidad e invalidez, invocando la compasión y caridad del adulto.


En la literatura también sucedió algo parecido, por ejemplo, en los cuentos infantiles. Sus referentes por antonomasia son Charles Perrault[2] en el siglo XVII y un siglo más tarde los hermanos Grimm[3], quienes ilustran la apreciación sobre los niños en la cultura popular. Los cuentos, de Perrault, especialmente, reflejaban a niños vulnerables ante las amenazas, imposibilitados de una abstracción sobre el mundo, ignorantes en la moral y en una deuda impagable con el adulto. El niño era un objeto dependiente, el cual debía ser formado y educado.

Más adelante, en el siglo XIX, la forma de ver a la niñez no sufrió demasiados cambios. En narrativas como Oliver Twist de Charles Dickens[4] (primera obra literaria inglesa que coloca a un niño como protagonista), las niñas y los niños pasan de ser un objeto dependiente a un instrumento de denuncia, pues sirven como utensilio literario para ilustrar la injusticia, inmoralidad e inequidad. El niño, sin embargo, sigue manteniéndose en ese lugar de objeto por proteger, pues la palabra de Oliver no puede ser reconocida en la toma de decisiones de los adultos.

El Principito llega a nuestro mundo en el siglo XX, y la mejor manera de reconocer sus aportes es recorriendo algunos de sus pasajes, los cuales nos invitan a reflexionar y que, además, nos resultan encantadores.

Al abrir su portada y arrancar con la lectura nos damos cuenta que es una de las primeras obras donde el niño no es un enfermo ni un objeto por proteger, tampoco es una herramienta literaria que termina por reforzar el prejuicio de su invalidez. El niño ocupa otro lugar: uno de mayor injerencia y perspicacia. Desde el inicio esto queda bastante claro.

Miré pues, con gran asombro, esa aparición. No olviden que estaba a mil millas de toda región habitada. Y, sin embargo, el muchachito no parecía extraviado, ni muerto de cansancio, ni muerto de hambre, ni muerto de sed, ni muerto de miedo (Saint – Exupéry. 1943. Pp. 10)

El narrador muestra su asombro, su estado de contemplación ante un niño hermoso, un niño que puede enfrentar al desierto de la existencia, que no teme, que no está perdido y que está de pie ante el sufrimiento.

La presentación del Principito deshace el prejuicio del niño inválido y dependiente del adulto, partiendo de su imagen para luego afirmarla con su voz. Al hablar acentúa su lugar de reivindicación y la apropiación de su deseo: “hazme un corderito”, es lo que primero demanda el Principito.

Este punto resulta remarcable para los psicólogos de Fundación IPC: Investigación, Psicología y Comunidad, en alianza con Fundación Telefónica Ecuador[5], ya que desde nuestra labor, los niños manifiestan sus propias demandas. Este hecho se contrapone a las afirmaciones de otros psicólogos, quienes sostienen que los niños no pueden demandar por sí solos. Son ellos, en muchas ocasiones, quienes llegan a nuestros espacios a solicitar un lugar de escucha, con algo muy claro para decir: son ellos, quienes con sus propios pasos, tocan nuestra puerta.

Pero los niños no solo demandan,  pueden construir una postura más crítica sobre el mundo de los adultos. Saint-Exupéry expone aquello que en nuestro léxico cotidiano llamamos “voltear la tortilla”, pues coloca al revés  el lugar de la indulgencia, ya que la paciencia está clásicamente dirigida del adulto hacia el niño. En este caso, por el contrario,  el autor pide a los niños ser pacientes con los adultos puesto que solo hacen preguntas impertinentes, reducidas a temas cuantitativos o nominales, quienes no toman en cuenta  la pregunta por  lo invisible y los detalles.

Esta idea se fortalece cuando el Principito llega a un planeta habitado por un hombre de negocios, quien solo se preocupa por contar las estrellas que cree poseer, sin siquiera prestar atención a su belleza. El Principito cuestiona al hombre de negocios por lo poco que aprecia a sus estrellas. (Saint-Exupéry. 1943. Pp. 45)

Esta observación nos hace pensar en ciertos temas clínicos, tanto individual como grupal: definitivamente los detalles esconden los secretos del discurso, indican las coordenadas y el lugar de quien habla, como también las propiedades particulares de sus palabras. Tal vez con estas figuras literarias Saint-Exupéry nos permite retomar una vieja interrogante, ¿Por qué para muchos niños la educación resulta un pesar? Y no solamente por el encuentro con las reglas, los números y las tareas, sino por aquello que pasa desapercibido, pues ciertas cosas de los niños no tienen lugar en una lógica de mallas curriculares, resultados y evaluaciones formales.

Por ejemplo, un niño alguna vez remitido al psicólogo por su escandalosa resistencia a las divisiones matemáticas, no habla de matemáticas en sesión, sino de su sufrimiento al ver a sus padres separados. La división de su familia le resulta dolorosamente incomprensible. Por el momento él no quiere saber nada de divisiones. No necesita que le expliquen cómo funciona una operación aritmética, sino que sus padres le hablen de lo que sucede entre ellos.

Una vez que este niño nos ha preparado para mirar lo invisible y considerar lo particular, nos lleva a otro capítulo: al  encuentro entre El Principito y El zorro, momento donde podemos detenernos muchas veces, extraer tantas ideas, como también simplemente dejarnos llevar:
-¿Qué significa domesticar?
- Es algo ya muy olvidado – dijo el zorro -. Significa “crear vínculos” (Saint-Exupéry. 1943. Pp. 67)



En esta conversación la obra trata varios temas, entre ellos la soledad y la amistad. El zorro está solo al igual que el Principito, pero ellos pueden encontrarse para crear un vínculo, con paciencia, sin apuros, tomándose el tiempo para construirlo. El zorro pide ser domesticado para que aquello que carece de sentido adquiera, paulatinamente, un cierto valor.

En el libro el vínculo es una puerta al conocimiento. El zorro coloca al conocimiento como efecto de ese vínculo. Sin él, el conocimiento es inalcanzable.

“Lo más importante es invisible a los ojos”, dice el zorro. Esta afirmación es tal vez una forma de indicar que el mundo no se define por sus características sino por lo intangible, por símbolos, por afectos y emociones. Por ejemplo, el trigal donde vive el zorro no representa nada para él, hasta que en su color puede recordar el cabello dorado del Principito.

El zorro es finalmente domesticado, pero el Principito debe irse:

-¡Entonces no has ganado nada! – dijo el Principito
- Claro que sí – dijo el zorro – he ganado el color del trigo. (Saint-Exupéry. 1943. Pp. 70)

Una vez más, un niño en el diálogo con otro puede pensar sobre la condición humana. Este momento de la narración eleva el universo de lo intangible, cuestiona también el prejuicio respecto a las capacidades intelectuales de los niños, donde se cree que un niño es incapaz de abstraer conceptos complejos. El capítulo del zorro dejar ver que no solo son capaces de entender sino de crear una forma de ver su realidad.

El Principito muestra un niño capaz de llevar una conversación sustanciosa, sin la necesidad de ser infantilizado, ya que paradójicamente con palabras simples puede hablar de algo muy complejo. Pero la interrogación también alcanza un sentido más amplio, puesto que cuestiona a la misma intelectualidad, ya que no la separa del mundo de los afectos ni la reduce a un término cognitivo o pedagógico.

En el campo educativo y psicológico, sucede habitualmente, que el conocimiento y el desarrollo son generalmente tratados como esferas quirúrgicamente separables, llevando a una noción organicista del niño, como si aquello que le sucede a un niño “que no aprende” debe ser reparado por partes, separado de su ser, reduciéndolo a un problema mecánico.

Saint-Exupéry hace el intento de invocar al niño desde su totalidad, donde el amor llega a ser un destino necesario. El amor no es sentimiento puro, es un ejercicio simultáneo entre el afecto y el intelecto, donde la emotividad no es pura movilización de pulsiones, ni el intelecto mera racionalización.
El amor es en el Principito ese otro paso, que va más allá del conocimiento, puesto que permite reconocer que cada objeto es único:
Las rosas se sintieron molestas.
Ustedes son bellas, pero están vacías –dijo el Principito.
Nadie querría morir por ustedes. Por supuesto que cualquiera al pasar podría creer que mi rosa se les parece, pero ella sola es más importante que todas ustedes juntas, porque fue a ella a quien regué. Fue a ella quien puse bajo un fanal y a quien protegí detrás de un biombo. Porque por ella eliminé las orugas (salvo dos o tres por lo de las mariposas), y es a ella a quien escuché quejarse o vanagloriarse o incluso, a veces, callarse. Porque es mi rosa. (Saint-Exupery. 1943. Pp. 72)

En esta novela corta es inevitable sentir que el final llega muy pronto, sobre todo porque el inquietante deseo del Principito de ser picado por la serpiente, da aviso a que la conclusión se aproxima.
Es justamente ahí donde se aborda el tema más complejo de la humanidad: la muerte. El lugar del narrador es mucho más receptivo respecto al resto de la obra, y la transmisión es más acentuada en el protagonista.

El niño habla de la muerte sin temor, pero con una amplia comprensión sobre la diferencia entre la muerte real y la muerte simbólica. “Parecerá que me duele… Parecerá como si muriera.” Su promesa indica  que su ausencia física no implica su desaparición, del todo. Él seguirá vivo en las estrellas. A su manera el Principito se refiere a la trascendencia, donde los vínculos no mueren, ya que se construyeron en lo intangible, más allá del cuerpo.

- Y cuando te hayas consolado (uno siempre se consuela), estarás contento de haberme conocido. Siempre serás mi amigo, tendrás ganas de reír conmigo. A veces abrirás tu ventana, así, solo por gusto… Y tus amigos se sorprenderán de verte reír al mirar el cielo. Les dirás: ¡Sí, las estrellas siempre me hacen reír! Creerán que estás loco. Y yo te habré jugado una mala pasada… (Saint-Exupéry. 1943. Pp. 88)
¿No son estas palabras una importante contribución para todos nosotros? No es una coincidencia que la muerte y la sexualidad han sido para los adultos los temas más difíciles de tratar con sus hijos. En el clímax de la obra, El Principito demuestra que un niño es valiente y curioso para escuchar y hablar de aquello que un adulto no encuentra las palabras. Los niños miran lo que se quiere ocultar, a veces hasta clandestinamente por la cerradura de una puerta. Es así que descubren el acto sexual, los secretos de su origen y los silencios de su familia.

Los niños pueden construir una representación de la vida y la muerte, de la presencia y la ausencia, del amor y la nostalgia. En otras palabras, el mundo de afuera toma color y forma en su mundo interior.
Antes de concluir, es importante retomar algo de la vida de su autor. En 1944 Saint- Exupéry sobrevolaba el mar mediterráneo en una misión militar, cerca de las costas de Marsella. Su avión fue abatido por una nave alemana, llevándolo a su muerte. Apenas había pasado un poco más de un año desde la primera publicación de El Principito. Podríamos pensar que su obra fue la manera de inmortalizarse, su estrella en el firmamento. Nos dejó algo para recordarlo, para representarse y para hacer nuestra propia lectura… las que queramos.

A sus 71 años, El Principito es una obra clásica de la literatura. Su presencia en las escuelas, colegios,  universidades, en el campo profesional, como también en los momentos del ocio, señala aún su vigencia. Estamos convencidos que cualquier día es el mejor momento para hablar de los niños, pero en estas fechas donde conviene no solo celebrar, sino también pensar, tal vez el Principito nos enseña algo más.




[1] Consultado en https://www.rijksmuseum.nl/nl/collectie/SK-A-3059 el 16 de mayo del 2014.
[2] Charles Perrault. Cuentos de Perrault. Buenos Aires. Anaya. 2010.
[3]Jacob y Wilhelm Grimmm. Cuentos. Alianza Editorial. Barcelona. 2004.
[4] Charles Dickens. Oliver Twist. Editorial AndresBello.Santiago de Chile. 1984
[5]Atención Psicológica es un proyecto de Fundación IPC y Fundación Telefónica, el cual acompaña a niñas, niños, adolescentes y a sus familias en el área afectiva y emocional, a través del componente psicológico. El proyecto se desarrolla en Esmeraldas, Guayas, Chimborazo, Santo Domingo de los Tsáchilas, Azuay, Pichincha y las parroquias del Noroccidente de Quito, desde el 2006.